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INVESTIGACIÓN APLICADA: ¿NUEVOS MEDICAMENTOS PARA LA AUDICIÓN?

INVESTIGACIÓN APLICADA: ¿NUEVOS MEDICAMENTOS PARA LA AUDICIÓN?

Después de que los ensayos clínicos para encontrar terapias destinadas a curar los problemas de audición han fracasado desde hace años, la creación de un nuevo Instituto de la Audición asociado con el laboratorio Sensorion podría cambiar la tónica. En Francia quieren ser la avanzadilla de las terapias farmacológicas y génicas para la audición. Dos especialistas del ramo realizan un repaso de las estrategias actuales y futuras en esta línea.

Nathalie Bloch-Sitbon
En la actualidad, curar la sordera consiste solamente en ajustar dispositivos de ayuda, sean audífonos o implantes cocleares. Ninguna terapia ha conseguido, a día de hoy, restablecer la audición o tan solo impedir su deterioro.

Sin embargo, la investigación y los estudios clínicos se multiplican actualmente a nivel internacional y la evolución de la atención a la pérdida auditiva debería cambiar drásticamente en los próximos años.
Bajo la dirección de la profesora Christine Petit, el Institut de l’Audition, centro creado por el Instituto Pasteur, recientemente instalado en París, se convertirá en una de las puntas de lanza de la investigación en el campo de las terapias auditivas.

Muchos tipos diferentes de pérdida auditiva
La sordera sigue siendo un campo que está lejos de ser explorado en su totalidad.
“Hablamos de sordera, pero nos equivocamos: hay tantas sorderas diferentes. Tendemos a poner todo en un cajón de sastre. «La» sordera no existe, es un síntoma”, explica la doctora Sandrine Marlin, que coordina el centro de referencia de sordera genética del hospital Necker-Enfants malades (Assistance publique-Hôpitaux de Paris) y dirige un equipo de investigación en el Instituto Imagine (Instituto de Enfermedades Genéticas). “No trataremos la sordera debida al gen OTOF como la otosclerosis. Es esencial determinar las causas de la sordera, en particular las causas genéticas, sobre todo porque en los países desarrollados, alrededor del 80% de la sordera infantil es genética. Antes de saber si es posible el tratamiento o la atención, hay que encontrar la causa para poder tomar las medidas apropiadas”.
El Dr. Marlin cree que hay tres tipos principales de investigación terapéutica sobre la sordera que actualmente figuran en el Registro Internacional de Ensayos Clínicos, el registro oficial de todos los ensayos clínicos realizados en el mundo. Dentro de estas tres áreas principales de investigación, se han notificado varias docenas de ensayos, pero sus conclusiones aún no están disponibles.

La primera área de investigación terapéutica se refiere a la protección del oído interno, especialmente durante el uso de
sustancias ototóxicas (fármacos o sustancias cuyos efectos secundarios son perjudiciales para el funcionamiento de la audición).
El segundo enfoque consiste en reactivar la regeneración de las células ciliadas cocleares dañadas. Por ejemplo, los laboratorios trabajan en la reactivación de las proteínas necesarias para el desarrollo de las células sensoriales durante la vida embrionaria, investigación que podría ser especialmente útil para la sordera no genética, sobre todo la vinculada a la edad.
Por último, la vía de la terapia génica consiste en reintroducir una parte del genoma en las células ciliadas para que puedan sintetizar la proteína que les falta o que es deficiente para su correcto funcionamiento. “La terapia génica es extremadamente complicada y las oportunidades para tratar la sordera asociada a células ciliadas destruidas o con un desarrollo severo parecen muy limitadas. Las células sensoriales de los pacientes deben estar en número suficiente y solo ligeramente alteradas en el momento de la terapia génica para esperar una mejora de la audición”, dice la Dra. Sandrine Marlin.
Según ella, las primeras terapias génicas están aún en fase de desarrollo y podrían comercializarse en la próxima década. “La terapia génica se enfrenta a un gran reto: ser tan eficaz como el implante coclear. Así que creo que serán de interés principalmente para la sordera progresiva. Permitirán detener el deterioro de la audición, pero no estoy seguro de que permitan que un gran número de casos recuperen la audición normal. Los pacientes pueden seguir necesitando audífonos durante mucho tiempo.

Los audífonos seguirán siendo la solución principal
Esta conclusión la comparte el profesor Jean-Luc Puel, presidente de la asociación JNA (Día Nacional de la Audición, por sus siglas en francés) y director del Instituto de Neurociencias, Inserm Montpellier. En su opinión, la primera intención cuando se empieza a perder la audición seguirá siendo adaptar audífonos, los pacientes no conocerán seguramente la existencia de una medicación adecuada y tal vez la rehúyan por su carácter invasivo, a veces. Solo cuando la sordera progresiva es demasiado importante, los audífonos muestran sus límites. “No habrá milagros; el oído no se reparará inmediatamente. En el mejor de los casos, ralentizaremos la degeneración del oído”, afirma.
“Con la farmacología, ralentizamos la presbiacusia, por lo que el equipamiento con audífonos será eficaz durante más tiempo. Lo mismo ocurre con los implantes cocleares: los fármacos pueden evitar que las células restantes mueran y que la fibrosis se instale. No hay una técnica que sustituya a la otra: se complementan y enriquecen mutuamente”. Añade que los audífonos también mejorarán gracias a la contribución de la inteligencia artificial y los avances en el procesamiento de la señal. Según él, las primeras terapias farmacológicas para la sordera procederán de los medicamentos para el oído interno, como los tratamientos para tratar o ralentizar la presbiacusia, para frenar la degeneración celular tras un traumatismo sonoro o para proteger el oído contra los efectos secundarios de ciertos fármacos, especialmente la quimioterapia. También señala algunos avances en el ámbito del acúfenos.

¿Fármacos en los próximos cinco años?
No obstante, recuerda que todavía es complicado saber cuándo estarán disponibles las terapias en el mercado. “Tenemos que esperar a las pruebas finales y a los ensayos clínicos para poder lanzar los productos. Pero podría ocurrir muy rápidamente. Si un medicamento llega a la fase 3, podría estar en el mercado en los próximos cinco años. Sin embargo, debemos ser cautos porque algunos ensayos ya han fracasado en la fase 3. La fase 1 tiene como objetivo identificar la toxicidad del producto, la fase 2 definir su eficacia y las dosis, y la fase 3 ampliar la población incluida en la prueba para verificar su interés en comparación con un placebo o un medicamento equivalente. Por otro lado, considera que las terapias génicas solo se generalizarán a largo plazo. “Tenemos que demostrar que los tratamientos son seguros. Se trata de mutaciones que pueden ser muy numerosas. Es necesario avanzar hacia la medicina personalizada para tratar la mutación con precisión.