1. Revisión de la evidencia científica sobre la relación entre audición y cognición. Consultar la evidencia científica publicada sobre la relación entre audición y cognición con el propósito de manejar información actualizada para posteriores acciones.
2. Cribado cognitivo. Fomentar el cribado cognitivo desde los diferentes servicios de audiología en mayores de 55/60 años.
3. Derivación. Implantar protocolos de derivación específicos cuando el cribado no sea superado, garantizando una atención adecuada y oportuna.
4. Estrategias de intervención. Desarrollar estrategias de intervención en sujetos diagnosticados de deterioro cognitivo o demencia.
5. Definir estándares comunes. Establecer criterios y protocolos basados en la evidencia científica para la evaluación e intervención auditiva de personas diagnosticadas con deterioro cognitivo o demencia garantizando la calidad asistencial.
6. Desarrollar guías y recomendaciones. Elaborar documentos técnicos y guías clínicas que orienten a los profesionales en la aplicación del cribado cognitivo y el manejo de pacientes con deterioro cognitivo o demencia.
7. Campañas divulgativas. Promover campañas divulgativas sobre la relación entre audición y cognición, destacando la importancia de la prevención.
8. Favorecer la investigación aplicada. Estimular estudios multicéntricos y colaborativos que aporten datos a la temática.
En las últimas décadas se ha observado un notable aumento de la esperanza de vida, acompañado de un progresivo envejecimiento de la población. Este cambio demográfico ha dado lugar a un creciente grupo de personas mayores que, en muchos casos, se caracteriza por una actitud proactiva y un firme interés en vivir esta etapa de la vida con la mayor calidad posible.
Sin embargo, una mayor longevidad suele conllevar la aparición de determinadas enfermedades crónicas, así como pérdidas sensoriales —especialmente visuales y auditivas— y, en algunos casos, cierto grado de deterioro cognitivo. Este deterioro implica la disminución de habilidades mentales como la memoria, la atención, el lenguaje o el razonamiento, lo que puede afectar, en mayor o menor medida, a la capacidad de la persona para desarrollar actividades de la vida diaria.
La pérdida auditiva afecta aproximadamente a una de cada tres personas de entre 65 y 74 años y a cerca de la mitad de las personas mayores de 75 años. Diversos estudios han demostrado que la hipoacusia no tratada en la mediana edad se asocia al deterioro cognitivo, lo que la convierte en uno de los factores de riesgo modificables de demencia y, además, en uno de los de mayor impacto.
El cambio experimentado en las últimas décadas en la forma de afrontar el envejecimiento por parte de las personas mayores de 65 años ha favorecido una consulta cada vez más precoz en los servicios de audiología, con el objetivo de mejorar su calidad de vida auditiva. Este acercamiento a la atención especializada, ya sea a través del médico otorrinolaringólogo o directamente con el audioprotesista en un centro auditivo, no solo permite abordar de manera temprana los problemas auditivos, sino también reducir uno de los principales factores de riesgo asociados al deterioro cognitivo.
En este contexto, el grupo de trabajo en audición y cognición se posiciona como un elemento clave para integrar conocimiento científico, práctica clínica e innovación, abordando de forma conjunta la salud auditiva y los procesos cognitivos en el envejecimiento. Su labor permitirá avanzar en la identificación temprana del riesgo, optimizar estrategias de evaluación e intervención y generar recomendaciones basadas en la evidencia que contribuyan a un envejecimiento activo, saludable y con mayor calidad de vida.

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